Bitácora del cinéfilo: semana 07 - 2008

Lunes, Febrero 18, 2008

PELÍCULAS VISTAS o REVISTAS
SEMANA 07 - AÑO 2008
febrero 11-17

Grados:
(7) obra maestra
(6) superior
(5) alto nivel de logro
(4) mejor que buena
(3) buena
(2) suficiente
(1) no recomendada
(0) evitar

Nota: Los signos al lado derecho del grado indican si la valoración está más cerca del nivel anterior (-) o del nivel superior (+).

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El intenso choque entre dos parejas que se relacionan íntimamente en una larga noche de borrachera, Who’s afraid of Virginia Woolf? (5-) (Nichols, 1966) es un clásico estupendamente escrito, realizado e interpretado. Todos sus actores -cuatro- fueron finalistas al Oscar, merecidamente. Cuenta también con dirección de fotografía de Haskell Wexler, y una de las mejores partituras del grande Alex North. Las superproducciones populacheras de hoy en día se complican tanto argumentalmente y se creen tan gran cosa, que cuando uno ve algo como It came from beneath the sea (1) (R.Gordon, 1955) al menos se alivia de que las películas de esa época nunca pretendían ser otra cosa que lo que eran: excusas para mostrar un pulpo gigante atacando San Francisco. Harryhausen hace buen trabajo, la película es terrible, pero cumple su objetivo. Siguiente. Mejor hacer oídos sordos a la estentórea esloganería adolescente de Fight club (1) (Fincher, 1999), pues cinematográficamente la película muestra algo de oficio. Algo. El giro final es un gimmick, carece de significado, visualmente tambien es un gimmick. Tiene puntaje alto en adrenalina y testosterona, y deficiente en ideas y desarrollo dramático. Le dice todas las cosas correctas a su público target. Es una de esas molestas peliculas que está completamente convencida de rebosar en inteligencia y sabiduría, siendo una tontería de cabo a rabo. Pues sí, mejor hacer ojos ciegos también entonces. La primera regla de Fight club es: no veas Fight club. La ambiciosa Gangs of New York (4+) (Scorsese, 2002) envejece como el buen vino. Con otros dos actores líderes (DiCaprio, C.Díaz), o con una historia de amor mejor manejada o inexistente, sumaría más puntos. Pero lo de Daniel Day-Lewis es una monstruosidad de interpretación, y la manera en que el director nos conduce a través de lo que un día se convertiría en New York es invitadora, digna de un history geek. Y es un muy buen cuento para nuestros tiempos en que lo políticamente correcto llega al exceso y es fácil olvidar quienes somos, recordar cómo nació Estados Unidos y casi todas nuestras naciones: en la calle, a puño limpio. The godfather (6-) (F.Coppola, 1972) es uno de esos super clásicos que no terminan de tener una resonancia personal en mi caso. Alas, esta saga sobre la familia y la política -no tanto sobre la mafia- está terriblemente bien hecha en todos los sentidos posibles, una película impoluta con una galería de personajes y diálogos memorables, un montaje trascendental -el bautizo de los Corleone-, y un final que roza lo genial y ha hecho, justamente, historia. Una obra maestra, para muchos; un enorme pedazo de entretenimiento, para mí. Husbands and wives (4-) (Allen, 1992) es uno de los mejores trabajos de Woody Allen como director; el look, el feel de la película raramente traiciona sus objetivos dramáticos. Secundando la estética documentalista de la obra se encuentran dos soberbias interpretaciones del reparto a cargo del director Sydney Pollack y la siempre interesante Judy Davis, interpretando a una pareja en trámite de divorcio que lidia con su nueva situación y sus nuevas parejas. Queja: el Oscar de Davis se lo llevó, inexplicablemente, Marisa Tomei. Porque, como Allen siempre ha dicho, sus películas no son autobiográficas, resultó esta, adecuadamente, la última película en la cual colaboró con Mia Farrow. Personalmente, recomiendo este título, junto con “Who’s afraid of Virginia Woolf?”, a todos quienes consideran la idea de casarse con otro ser humano. Me gustaría pensar que Mr. Smith goes to Washington (5) (Capra, 1939) podría convertir a los furibundos anti-gringos que la vean. Pero, como decía José José, lo dudo. En todo caso, la película -como la mayor parte de la filmografía de Frank Capra- defiende la cursilería patriotera y el ideal del sueño americano de la manera más emocional e intelectualmente honesta que un anti-patriota y anti-cursi como este servidor puede concebir o aceptar. Siempre he pensado que hay una finísima capa de cinismo respecto al final de esta película -¿por qué ríe tan desenfadadamente el presidente del congreso ante tal espectáculo?- pero, fuera del aspecto cinematográfico, las películas de este director causan en mí un particular afecto tal vez porque proporcionan una arena en la cual es posible e inevitable creer en el poder que tiene una persona/ciudadano para afectar su entorno/circunstancia/país sin caer en territorio utópico, a fuerza de la verosimilitud de los héroes que las protagonizan. Especialmente si los interpreta Jimmy Stewart. Que yo creo todo lo que dijo Jimmy Stewart. Cruda y realista película de terror, The hills have eyes (2) (Craven, 1977) se convirtió en una película de culto menor, basada en el buen quehacer de Craven como dramaturgo -su guión sobrevive el amateurismo general-, las sorprendentemente realistas interpretaciones que saca de sus actores, su ambientación casi exclusiva en medio del desierto, y la perturbadora idea general que la película maneja respecto a las similitudes entre las dos familias retratadas. Si la violencia resulta perturbadora -lo es- no es por el llamado shock value, sino por el buen manejo que Craven hace de la misma, en términos dramáticos. Rope (3-) (Hitchcock, 1948), experimento formal de Hitchcock filmado de tal forma que luce como una película hecha enteramente en una toma, se beneficia de la elegancia de la realización del director, y de los buenos diálogos cortesía del guionista. Esto junto con las interpretaciones actorales hacen que el todo de la obra se mantenga en muy buena forma, a pesar de la moralina final y del supuesto, nada sutil subtexto que hoy en día se lee más bien como texto. Es el mes del Oscar, y supongo por eso han pasado las dos primeras padrinos en la misma semana, en canales distintos. Raramente sobran. La épica generacional The godfather, part II (6-) (F.Coppola, 1974) es milagrosa por mantener la barra al alto nivel de la original, teniendo como partida un material más ambicioso, personal y difícil. Producida con mayor lujo, también representó un paso adelante en la mayoría de los aspectos de producción, especialmente en cuanto a ambientación y fotografía. Igual que sucedía con la primera, está repleta de momentos memorables. Captains corageous (2+) (Curtiz, 1937) es una bonita película con Spencer Tracy como un pescador portugués que enseña a un niñito acomodado y remilgado sobre la pesca y la vida en general. Tras la estupenda “David Copperfield”, el niño Freddie Bartholomew realizó otra memorable interpretación. La multioscarizada From here to eternity (3) (Zinnemann, 1953) está bien escrita, actuada, dirigida, bien hecha en general. De ahí no pasa. Para mí. Volví a ver Ninotchka (5-) (Lubitsch, 1939), una de las mejores películas que ví el año pasado (también “David Copperfield”), y una de las mejores comedias que he visto. La inteligencia del argumento, los diálogos y el guión en general es impagable. Sobre todo cuando se burlan de los valores de la Rusia bolchevique. La patentada mezcla entre tragedia, comedia y romance de James L. Brooks empieza a mostrar señales de cansancio en Spanglish (2) (J.L.Brooks, 2004), que a pesar del a veces inspirado uso dramático de la cámara (específicamente de los acercamientos), denuncia fallas notables en su guión (mal framing device, cierto personaje fue obviamente cortado de la película). Fuera de esto es agradecible la noción de Brooks de hacer una película sobre la confluencia del choque cultural entre americanos y latinos en más de un sentido: la cinta también une dos géneros que caracterizan ambas culturas, con sus aires de sit-com y telenovela. La cinta rehuye cualquier complejidad, y varias de sus escenas de comedia funcionan perfectamente. No ofende. La lectura política de Land of the dead (1+) (Romero, 2005) es bastante transparente, y banal (EE.UU. es el centro comercial bajo ataque de una civilización decadente, el peinado de Dennis Hopper es parecido al de George W. Bush para más señas); lo que antes era alegoría está aquí en la primera línea de batalla. Fuera de ella hay poco que recomendar, exceptuando el maquillaje (crédito: Greg Nicotero, Howard Berger). El exceso de escenas de canibalismo zombie -poco más que mecánicas- es poco servicial al film. El extremo melodrama de Mildred Pierce (2+) (Curtiz, 1945) -una sufrida madre renuncia a su felicidad y se desvive para ganarse el amor de su malcriada hija que la insulta por la indignidad de convertirse en mesera pero acepta de buen grado su dinero- sería insoportable de no haber sido realizado con el buen gusto y oficio del director obrero Michael Curtiz. Y hermosamente fotografiada por Ernest Haller, en especial por su uso de las sombras. Cita, una amiga de la mamá en suplicio: “Personalmente, Veda (la hija) me ha convencido de que los cocodrilos tienen la razón. Se comen a sus hijos”. Ditto. Que no entiendo estos melodramas. La secuela Harry Potter and the chamber of secrets (1+) (Columbus, 2002) pierde el encanto que los personajes evocaron en la primera parte; también se encuentra perdido el amor por la narración y las palabras: sólo vive en el interés que suscita su argumento. Que no es mucho. Sobre la cinematográficamente impresionante The last emperor (5-) (Bertolucci, 1987) escribí en mi guía: “Superproducción que encapsula en dos horas y cuarenta minutos la vida del emperador Pu Yi, abarcando desde las postrimerías de la China imperial, hasta al advenimiento de la revolución de la China comunista, que lo convierte en uno de sus presos a ser reeducados, retratándolo como un peón movido por intereses políticos ajenos a su conocimiento y poder. Es un retrato de la desaparición de la época de los monarcas divinos para dar paso a los movimientos políticos modernos, que comparte el interés político y humano por su sujeto principal. Fue la primera película en obtener permiso para filmar en la Ciudad Prohibida, y la magnífica ambientación se benefició enormemente de esta circunstancia, en un film que, en la mejor tradición de las épicas históricas, nos ofrece una invitación a un tiempo y lugar ya desaparecidos”. Gentleman’s agreement (3) (Kazan, 1947) es una correcta película de denuncia sobre el tema del antisemitismo (ver el año), cuya principal fuerza deriva de su loable diligencia política. Si fuera un ser humano sería activista y sindicalista. Pero la película está bien. High society (1+) (C.Walters, 1956) es una fruslería musical, con Sinatra y Crosby en duelo por el amor de Grace Kelly, y una canción que se hizo muy famosa, “True love”. No mucho que ver. A The ring two (0) (Nakata, 2005) le toma una indecible cantidad de habladurías de psicología barata y poses y susurros angustiosos de Naomi Watts con música ominosa al fondo para llegar a dos o tres escenas de susto barato, todo con cierta pose de prestigio, al menos fotográficamente. Visualmente es muy azul y oscura. En fin, otro subproducto empresarial diseñado para nuestro querido amigo el “fanático del cine de terror inteligente y visualmente quasi-gótico que decidió, consciente o inconscientemente, saltar en el asiento al menor estímulo antes de siquiera ver la película“. ¿Dónde estaría la industria sin tí? Querido. En la erudita A man for all seasons (4) (Zinnemann, 1966) tenemos un admirable drama histórico que nos remonta a principos del siglo XVI y retrata la amarga batalla entre el líder católico Sir Thomas More (un virtuoso Paul Scofield) y el rey Henry VIII (Robert Shaw) cuando éste decide divorciarse de la reina para casarse con Anne Boleyn y el primero antepone su razonamiento ético y espiritual a su obediencia al monarca, narrada en base a un inteligente y literato guión de Robert Bolt -basado en su obra teatral-, y con la usual sobriedad y elegancia de las películas de su director. Mucho para digerir en este class act acerca de un hombre que se aferra a sus principios cuando el resto abandona los suyos por conveniencia, poder, dinero, o por mantener el status-quo (sí, dense por aludidos), y que también cuenta con destacables valores visuales en la dirección de fotografía de Ted Moore y la ambientación del veterano John Box. Película hermosa de contemplar, en todos los sentidos.

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Cita:

“¿No es increíble? En casa aún hay nieve y hielo, y aquí… Miren los pájaros. Siempre resentí un poco que nuestras golondrinas nos abandonaran en el invierno para ir a los países capitalistas. Ahora entiendo por qué. Nosotros tenemos los grandes ideales, pero ellos tienen el clima… Bueno, camaradas, creo que ya no los necesito”.

Ninotchka, por primera vez fuera de Rusia, contemplando París.
Guión de Billy Wilder, Charles Brackett y Walter Reisch. 1939.