El extranjero

La necesidad del teatro, de la ficción. La sociedad teatral. La hipocresía consagrada.

Mario Vargas Llosa, sobre el libro de Camus:

“El «mito colectivo» es el pacto tácito que permite a los individuos, vivir en comunidad. Esto tiene un precio que al hombre –lo sepa o no– le cuesta pagar: la renuncia a la soberanía absoluta, el recorte de ciertos deseos, impulsos, fantasías, que si se materializaran pondrían en peligro a los demás. La tragedia que Meursault simboliza es la del individuo cuya individualidad ha sido mutilada para que la vida colectiva sea posible. Eso, su individualismo feroz, irreprimible, hace que el personaje de Camus nos conmueva y despierte nuestra oscura solidaridad: en el fondo de todos nosotros hay un esclavo nostálgico, un prisionero que quisiera ser tan espontáneo, franco y antisocial como es él.

Pero, al mismo tiempo, es preciso reconocer que la sociedad no se equivoca cuando identifica en Meursault a un enemigo, a alguien que si su ejemplo cundiera, desintegraría a la comunidad. Su historia es una dolorosa pero inequívoca demostración de la necesidad del «teatro», de la ficción, o, para decirlo más crudamente, de la mentira en las relaciones humanas. El sentimiento fingido es indispensable para asegurar la coexistencia social, una forma que, aunque parezca hueca y forzada desde la perspectiva individual, se carga de sustancia y necesidad desde el punto de vista comunitario. Esos sentimientos ficticios son convenciones que sueldan el pacto colectivo, igual que las palabras, esas convenciones sonoras sin las cuales la comunicación humana no sería posible. Si los hombres fueran, a la manera de Meursault, puro instinto, no solo desaparecería la institución de la familia, sino la sociedad en general, y los hombres terminarían entre matándose de la misma manera banal y absurda en que Meursault mata al árabe en la playa.”

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