PELÍCULAS VISTAS o REVISTAS
SEMANA 06 - AÑO 2008
Grados:
(7) obra maestra
(6) superior
(5) alto nivel de logro
(4) mejor que buena
(3) buena
(2) suficiente
(1) no recomendada
(0) evitar
Nota: Los signos al lado derecho del grado indican si la valoración está más cerca del nivel anterior (-) o del nivel superior (+).
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Planes, trains and automobiles (3+) (J.Hughes, 1987) es, a mi juicio, la mejor de las comedias caramelo de su director, y una de mis comedias favoritas de los últimos tiempos. Y John Candy debió haber sido nominado a algún premio por esto. Notar, por favor, que no soy fanático de las comedias. Giant (3+) (G.Stevens, 1956), un vasto relato sobre una familia cuyas generaciones se han dedicado a construir un poderoso imperio petrolífero en el terreno más grande de Texas es, pues, gigante. Es más que todo un sobrio espectáculo bien manejado por su director, con las necesarias dosis mínimas de historia y política. Un retrato de la idiosincracia norteamericana, con un bonito mensaje acerca de la integración racial entre latinos y nativos -miren el año, que en esa época era admirable-, y personajes interesantes interpretados por actores que les hacen justicia. Todo lo que dicen acerca de James Dean era cierto, y pueden verlo aquí. Obviamente iba a tener una gigante carrera de actor/estrella; lástima lo del accidente. Que salude a Heath Ledger cuando lo vea llegar. En The night of the iguana (4) (Huston, 1964) hay, al menos, cuatro interpretaciones actorales verdaderamente notables (Burton, Gardner, Kerr, Hall). Todo el primer acto y el siguiente es viable por la inercia del trabajo actoral, y es cuando cae la noche del título que la película ejerce su magia. Si han sido pacientes, serán testigos de escenas descarnadas y memorables, acaballo entre poesía y prosa -agradecer a Tennesee Williams-, de una belleza singular. Deborah Kerr, es tal placer verla trabajar. La química actoral y el humor grupal/folclórico, impulsado por los diálogos, hace que la comedia coral La niña de tus ojos (3) (F.Trueba, 1998) valga la pena, a pesar de todo. Los efectos de Mighty Joe Young (2) (Shoedsack, 1949) son ampliamente superiores a los de la película que le dio origen, la King Kong de 1933, y su inventiva es ocasionalmente admirable y usualmente divertida. Una película muy inferior al clásico del mono gigante, pero sirve para recordar lo que los técnicos de efectos especiales y los ejecutivos de los estudios han olvidado en nuestros días: el meollo no es la verosimilitud de los efectos, es la imaginación, el ingenio de la creación, y cómo se utilizan los efectos respecto a la historia y al drama. Ivanhoe (1-) (Thorpe, 1952): una mediana de aventuras con Richard Taylor rescatando a Elizabeth Taylor. El crimen que cometió la RKO editando a placer The magnificent Ambersons (5-) (Welles, 1943) nunca podrá evaluarse con suficiente precisión. El final obviamente no es el original -ni siquiera tiene sentido-; y hay momentos sublimes esparcidos por aquí y por allá. Desliz de Orson: la música no se hizo sola; haber incluído al compositor en la elegantísima, inspirada despedida de la película. La atmósfera que el director conjura hace que Gaslight (4-) (Cukor, 1944) funcione como un perfecto engranaje, una emocionante mezcla entre thriller y melodrama con Ingrid Bergman flexionando apreciablemente sus músculos histriónicos, y la mayoría de los actores en buen papel bajo las órdenes de uno de los mejores directores de intérpretes. La dirección de arte de super-Cedric Gibbons y la nebulosa fotografía de Ruttenberg aportan al drama y son características de la elegancia de las películas de Cukor. The big kahuna (2) (Sawnbeck, 1999) es un vehículo para la gloria interpretativa, pero sólo Danny DeVito se beneficia de la encerrona en un hotel de tres personajes que interactúan y ofrecen sus opiniones sobre la vida, la muerte la religión y eso. Para Kevin Spacey resulta una evidencia de lo acartonado y amanerado que puede resultar como intérprete. Y del abuso de la pronunciación como elemento interpretativo, su principal pecado. Notar: este mismo año ganó su segundo Oscar. Ah, The wicker man (5-) (Hardy, 1973) me dio miedo otra vez. A la segunda vez también: el final da escalofríos. Creo que nadie la pondrá en un panteón, pero es una gema. Forma un todo extraño y atractivo, la forma en que está filmada, editada, musicada, interpretada. Repito, merece su estatus de clásico de culto. Maldita poesía pagana. Recuerdo cómo me soprendió Signs (2) (Shyamalan, 2002) por la seguridad que mostró su director a la hora de crear el ambiente de suspense. Su control sobre el medio audiovisual luce natural. Es como lo que dicen sobre el verdadero talento: quienes lo tienen hacen que lo difícil parezca muy fácil. Hay algo terriblemente calculado acerca de la cursilería de sus películas, está adherida a la fábrica dramática como si fuera product placement. Irónico que él haya hecho famosa la cuestión del giro-al-final, o los finales-sorpresa, porque obviamente él tiene serios problemas para terminar sus películas. Guionismo 1.1: Con Dreamcatcher (1-) (Kasdan, 2003) aprendemos que las películas malas pueden estar bien escritas. Dura lección. En la baratija aquí presente raramente hay una escena, una sóla escena, mal escrita. ¿Mal realizada? Sí. ¿Mal editada? Seguro. ¿Mal interpretada? Muchas. ¿Escenas que jamás debieron ser escritas? También. Pero raramente escenas mal escritas. Una sensación muy particular esta, ver una película que obviamente no merecía ser tan bien tratada en ese aspecto. El caso es muy usualmente el contrario. Y esto es más entretenido de lo que debería. Truman Capote dijo que Doctor Dolittle (1+) (Fleischer, 1967) era “el peor pedazo de mierda jamás creado para el cine”. Sobre todo porque, en su año, obtuvo una candidatura al Oscar como mejor película por encima de “In cold blood”, la adaptación de su famosa novela/crónica criminal. Pues, se trata de una contenta película de fantasía, bien actuada, bien escrita, aunque con un argumento que molestará a más de uno, una completa tontería que ciertamente está muy lejos de la sensibilidad del señor Capote. No, no tiene razón el famoso escritor. Ahora, él no vivió para ver, por ejemplo, las “Saw”, así que puedo perdonarlo.











