Bitácora del cinéfilo: semana 04 – 2008
PELÍCULAS VISTAS o REVISTAS
SEMANA 04 – AÑO 2008
Grados:
(7) obra maestra
(6) superior
(5) alto nivel de logro
(4) mejor que buena
(3) buena
(2) suficiente
(1) no recomendada
(0) evitar
Especial:
En términos puramente estéticos, Triumph des willens (6-) (”Triunfo de la voluntad”, Riefenstahl, 1935) tiene momentos de una belleza apabullante. Tras verla, resulta obvio que la mayoría de los films actuales han prestado de esta su sentido de la épica. El ojo para la composición visual y la iluminación que demuestra la directora Leni Riefenstahl es encomiable, y roza lo genial; las imagenes que crea conjuran un poder que tiende a anular el discurso lógico y en cierta forma, con su énfasis en el tamaño, las cantidades, el orden y las formas, complementó adecuadamente el discurso político del film. Su sentido del montaje y la simbología han hecho historia, y las técnicas mostradas aquí aún ejercen influencia la forma de hacer cine y publicidad hoy en día. Independientemente del mérito reconocible por representar un trabajo adelantado a su tiempo, de la palidez de la historia contada -discursos altisonantes y propaganda-, y de la sordidez de lo que políticamente la obra supone, es una película que por su alto logro artesanal tiene un sitio en la historia como una de las grandes obras cinematográficas de los primeros cien años del cine, y un sitio dentro de todo cinéfilo amante de la belleza. Si alguna vez dudaron que el arte trasciende a la política, vean este pedazo de arte y despejen la duda para siempre.
Destacable: El dramático opening con imagenes de nubes que dan paso a la ciudad de Berlín, filmadas desde la avioneta de Hitler, simbolizando su descenso desde el cielo (luego, la ominosa sombra de la avioneta sobre las multitudes congregadas en las calles). La primera aparición de Hitler debe figurar como una de las más elaboradas entradas de personaje en película alguna. La impresionante filmación de los rallies nocturnos, donde Riefenstahl tenía control total sobre las fuentes de luz. De nuevo, en el más puro sentido de la estética, el montaje del preambulo al discurso final raya en lo sublime.
Acerca de las nubes: me pregunto ahora si el famoso final de la sátira “Dr. Strangelove…” no es una alusión al principio de esta película (con el mensaje implícito de que el final lógico de la Guerra Fría era el nacimiento de un nuevo movimiento fascista), tomando en cuenta lo proclive que era Kubrick a unir finales y principios de sus propias películas.
En cines:
Obvio: El director de Hairspray (4-) (Shankman, 2007) ama los musicales. Lo que impresiona es su capacidad estrictamente cinematográfica para producir una puesta en escena tan ágil y articulada dentro de lo cánones del género. En términos de lo que intenta, la película es practicamente intachable, y una perfecta muestra de catálogo respecto a todo lo que un musical debe ser. Más allá de ello, sus logros -que los tiene-, suceden por la inercia del triunfo formal. La coreografía, y la ejecución de la misma por los actores, merece mención aparte, con culpas especiales recayendo en Nikki Blonski, Elijah Kelley, Zac Efron, Christopher Walker y John Travolta, quien se roba el final, hasta con tacones. La película abre con gran energía y ésta no decae en el transcurso del metraje, hasta un final que incluso la incrementa exponencialmente.
Memo a Hollywood: Éste era el musical que buscaban para revivir el género. No “Moulin rouge!”, ni “Chicago” a pesar de su proficiencia, ni “The phantom of the opera”. ¿Por qué demonios no lo publicitaron?
Otras:
El clásico musical Fiddler on the roof (4+) (Jewison, 1971), apuestamente producido y filmado, con todos los aspectos de producción funcionando de buena manera, una sólida adaptación musical de John Williams, memorables canciones, bailes, personajes. The whole shebang. Si se siente algo vacua es porque lo es. Pero brilla. October sky (4-) (Johnston, 1999) está hecha exactamente como dice el libro, y llevada a cabo estupendamente por el guionista, el compositor, los actores y el director, cuyo afecto por el material es evidente. Se siente genuina de cabo a rabo, y si al final no os halláis emocionados será, os lo aseguro, por deficiencias humanas propias de ustedes, y no por la película. Si tenéis cierto terror por lo formuláico, empero, mejor corred y salvad vuestro esnobismo antes que esta película lo destruya para siempre. Seguro todos lo extrañaremos. La oscarizada Crash (2-) (Haggis, 2004) se deprecia con cada minuto que pasa. Es verdaderamente impresionante que la academia haya votado mejor película este mediano melodrama que compensa con confianza lo que carece de vergüenza; hasta ellos deberían, como se dice en inglés, saber mejor. De Dickens no tiene nada, así que no creáis lo que está escrito por ahí. Si la música tropicalonga y los slogans marxistas no me guían mal, creo que Antz (2-) (Darnell, Johnson; 1998) trata sobre Cuba, ¿no? Impacta un poco ver la personalidad de Woody Allen adecuada a una película para niños, pero la cosa es divertida, y no hay que apagar el cerebro. Suficiente. Creo tener una debilidad por las baratas de Brian de Palma, también creo que no se le da el mérito suficiente a su época de obsesión con copiar/reinterpretar a Hitchcock. En todo caso, me tocó ver Carrie (4-) (De Palma, 1976), y mi opinión se mantiene. También ayuda que me guste la excesivamente dulce música de Pino Donaggio, y cómo se complementa con las obras de este director en esta época. Valdría la pena ver la gritona The devil’s advocate (1) (Hackford, 1997) por la gritona interpretación de Pacino haciendo de super Luci, en caso de que ese histrionismo entre en sus cánones del entretenimiento. Del resto, rescato el tema final de James Newton Howard. Doloroso Keanu Reeves intentando gritar más que Pacino en la gran escena cumbre. Inevitable pensar que habría sido más natural que la película fuera una comedia. The fearless vampire killers or: Pardom me, but your teeth are on my neck (1) (Polanski, 1967), otra parodia del director de origen polaco, esta vez sobre las películas de vampiros. Se mueve a tropezones entre sátira y absurdo, y es tan estúpida como literata; lo que hay de comedia llega a medida que el metraje avanza. Mejor que la obra en general resultan algunos apartados, como la caricaturesca dirección de arte o la apropiada música. Visualmente es admirable. Hannibal (2) (Ridley Scott, 2001) tiene un guión llamativamente circunspecto que ofrece cierto disfrute literario, pero su aire de prestigio choca con el resultado final de la obra. Algunas escenas y momentos bien logrados (la conferencia y la horca de Pazzi, la inolvidable cena final, “esto dolerá”) complementan, y hacen que valga la pena verla, a pesar de sus episodios sensacionalistas. De notar el trabajo del compositor Hans Zimmer.





















